“Tengo concedidos quince cuadros más para el Museo, entre los que existen en los depósitos de Fomento, figurando entre ellos cinco lienzos muy buenos, pintados por Carducho, Camilo, Solís y el Greco y Maíno, todos ellos de composición y  grandes dimensiones.”

Víctor Balaguer a Joan Oliva, 31 / 12 / 1882

Historia

Cuando el 26 de octubre de 1884 se inauguró la Biblioteca Museo Balaguer, ésta abrió las puertas exhibiendo no solo la colección propiedad del fundador sino también un significativo conjunto de pintura barroca cedida en depósito por el Museo del Prado. Con cuadros de El Greco, Ribera o Rubens, Balaguer dotaba a su particular proyecto cultural del más alto nivel que entonces podía tener.

Diferentes Órdenes Reales permitieron la salida de obras en depósito, que realizaron su entrada oficial en la Biblioteca Museo en diferentes envíos. Entre las piezas más destacadas de la primera entrada hay que recordar La Anunciación de El Greco, que fue durante años un icono del museo. La exposición de estas obras fue decisiva para motivar a los artistas catalanes y a diferentes coleccionistas a realizar numerosas donaciones a la Biblioteca Museo. En pocos años este “templo del saber” ideado por Balaguer crecía con colecciones de todo tipo gracias, en buena parte, a la marca de prestigio que suponía tener un pequeño Prado.

La historia del Museo del Prado, como la de la mayoría de los grandes museos nacionales de los países europeos, se remonta a los albores del siglo XIX. En España, bajo el reinado de Fernando VII, nace el Real Museo de Pinturas y Esculturas, que abrió por primera vez al público en 1819, mostrando el arte atesorado por las monarquías de los Austrias y los Borbones. Entre 1870 y 1872 este museo perderá su relación de propiedad con la corona y se fusionará con el coloquialmente conocido como Museo de la Trinidad. Su fondo artístico se verá incrementado con todo el arte, especialmente religioso, que se había ido almacenando en cumplimiento del decreto de desamortización de bienes eclesiásticos dictado por Mendizábal y que estaba instalado en el convento de la Trinidad (calle de Atocha) desde 1836. Con esta entrada masiva de pintura religiosa se produce una saturación de espacios en el edificio Villanueva del Paseo del Prado, es entonces, a partir de 1872, cuando se comienzan a enviar obras en depósito a instituciones oficiales y museos provinciales. Se inicia así el que poéticamente se denomina –a partir de 1980- “el Prado disperso”. El Museu Balaguer no era un museo provincial pero sí que era una institución suficientemente ilustre como para ser una de las primeras depositarias. Se convertía así en uno de los depósitos históricos del Prado, de los más antiguos que se conocen.

Después de una historia de más de un siglo, el depósito se renovó y el actual, formado por una treintena larga de cuadros, fue autorizado por Orden Ministerial del 30 de octubre de 1986. Durante muchos años la mayoría de estas piezas estuvieron guardadas en las reservas del museo, hasta que en el año 2008 se realizó una remodelación museográfica con la cual se creó la denominada Sala Prado, donde se exponen de manera habitual un veintena de pinturas del depósito, de autores de la categoría de El Greco, Ribera, Murillo, Carreño de Miranda, Rubens o Goya.

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La colección

En el conjunto de la Sala Prado se exhiben obras de la escuela castellana y andaluza y, en menor medida, flamenca y italiana, distribuidas en cuatro grandes ámbitos temáticos –pintura religiosa, retrato noble, mitos y alegorías y naturaleza-, que nos ofrecen una mirada muy completa del arte de los siglos XVII y XVIII, un arte dinámico, expresivo, grandilocuente y complejo, con juegos de claroscuros y tenebrismos y lleno de matices y alegorías.

En siglo XVII, y a pesar de que España atravesaba una profunda crisis económica, el país vivió un barroco artísticamente muy fructífero, conocido como el Siglo de Oro. En una Europa escindida por la Contrarreforma, la monarquía española, posicionada en el catolicismo más ferviente, vio como en su Corte confluían dos tendencias: la influencia flamenca –territorio bajo la Corona de los Habsburgo- y la influencia italiana, vía de entrada masiva de obras y pintores. La alquimia resultante fue un gran arte con diferentes escuelas regionales que produjeron genios de talla internacional de Velázquez, Ribera o Murillo. Una pincelada de esta genialidad la tenemos en el Museu Balaguer.

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